sábado, 5 de noviembre de 2011

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Con un simple detalle, un gesto casi invisible; te das cuenta de que no tienes nada claro. Te sumerges inmediatamente en un inmenso océano de dudas y preguntas, cuyas respuestas van saliendo a flote según vas nadando millas y millas. Poco a poco te cansas pero sabes que al final del mar encontraras la respuesta a la gran pregunta; a esa que no te deja dormir por las noches.
Nadas y nadas, hasta llegar al final. Porque sabes que por muy mal que lo estés pasando, la vida sigue, el mundo sigue dando vueltas alrededor del sol; y que no va a parar por ti, ni por nadie.
Así que te armas del valor suficiente para hacerle frente a la vida, sales a la calle cada mañana sin temor a lo que te espera a la vuelta de la esquina, y con una sonrisa en la cara saludas a tu vecina, a esa que nunca le hablas por temor al “que dirá luego de mí a los demás”.
Es absurdo y también una pérdida de tiempo no querer ser feliz por culpa de algún acontecimiento.
A veces las cosas no son como queremos que sean; hay días en los que la vida nos aprieta hasta casi dejarnos sin respiración, hay instantes en los que desearíamos poder no tener memoria para así no recordar nunca más; ¿pero cuantas veces nos hemos reído sin control junto a quien queremos, por el simple hecho de estar a gusto y sin preocupaciones?
Es en esos recuerdos en los que tenemos que pensar cuando a nuestra cabeza solo vengan malos momentos vividos en el pasado, es en ese instante donde la risa se apoderó de nosotros en el que tenemos que pensar cuando a nuestro corazón solo acudan sentimientos pasados, es a la escena donde nada nos preocupaba a donde tenemos que volver cuando a nuestros ojos solo acuda un mar de lágrimas.
Y es que en esta vida no hay nada mejor que ser felices.


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